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RUTAS CULTURALES ÚNICAS

Uncastillo y tres tesoros: su yacimiento romano, su judería y el mejor conjunto románico de Aragón

Uncastillo, tres tesoros: su yacimiento romano, su judería y el mejor conjunto románico de Aragón

POR IRIS M. VÁZQUEZ

En España abundan los pueblos con nombres singulares: la parroquia gallega de Parderrubias, en Pontevedra, o Villalibre de la Jurisdicción, en León, son dos buenos ejemplos. Los de otros son, simplemente, fruto de la más pura lógica. Es el caso de Uncastillo, al noroeste de la provincia de Zaragoza. Uno tenía, alzado sobre la peña Ayllón, y ese uno le dio tanto origen como nombre. Tras la aparente simpleza de ese puñado de letras, aguarda un pueblo pintoresco que ha sabido conservar, para nuestro regocijo, su fantástica esencia medieval.

Uncastillo, rodeado por los ríos Riguel y Cadenas, forma junto a Ejea de los Caballeros, Sádaba, Sos del Rey Católico y Tauste la llamada Comarca Histórica de las Cinco Villas. A Uncastillo se la ha coronado como la más bella de las cinco. A la espera de que las visites y te formes tu propia opinión, sí podemos avanzarte que destaca por su patrimonio histórico-artístico, testimonio de la importancia que tuvo siglos atrás, seguramente, por su ubicación estratégica en el prepirineo aragonés. De hecho, bien podría llamarse Sieteiglesias (con permiso del pueblo vallisoletano apellidado de Trabancos o el salmantino de Tormes), pues siete templos tiene. De los seis que se conservan en buen estado, uno es renacentista, el de San Andrés. Los otros cinco convierten a Uncastillo en todo un paraíso del románico en Aragón.

Iglesia de Santa María la Mayor. Fuente: Ayto. de Uncastillo

Estas iglesias están dedicados a San Martín de Tours (acoge el Centro de Arte Religioso del Pirinero, con una importante colección de arte sacro), Santa María la Mayor, San Juan (no te pierdas las pinturas murales de su interior, de aire bizantino), San Felices y San Miguel (como curiosidad: una de sus portadas se vendió al Museo de Bellas Artes de Boston en 1915 por 800 pesetas). Además, si quieres disfrutar de una de las vistas más bonitas del pueblo, acércate hasta los restos de otra iglesia, la de San Lorenzo, levantada en torno al año 1125 y de la que solo quedan el ábside y el muro meridional con su portada.

Uncastillo es considerado el conjunto más bello de la Comarca Histórica de las Cinco Villas.

Uncastillo, el pueblo de casas solariegas junto al barrio judío

Fue en el año 1966 cuando Uncastillo, situado a unos 115 km de Zaragoza capital, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, y el mérito no es solo de las iglesias o del famoso castillo, del que tan solo se conservan la Torre del Homenaje (segunda mitad del siglo XIII), convertida en museo, y un palacio del siglo XIV que fue mandado construir por Pedro IV. Para descubrir por qué merece tal distinción, tendrás que adentrarte en el casco urbano del municipio, en el que encontrarás un buen puñado de caserones solariegos, pertenecientes en su día a nobles varios. Tenemos la casa Mola (calle Roncesvalles), la casa Bardají (en la plaza de la Villa) y la casa Navarro (plaza del Mercado), entre otras. También casas palaciegas románicas y renacentistas. Y, por supuesto, construcciones típicas aragonesas, como la Casa Consistorial, levantada en el 1568. Otro edificio que llama la atención en Uncastillo es el palacio del rey Martín el Humano, construcción gótica fortificada del siglo XIV.

Calles de Uncastillo. Fuente: Ayto. de Uncastillo

Pero si algo fascina de Uncastillo es, sin duda, su judería. Desde el siglo XII hasta su expulsión en 1492, los judíos tenían un barrio propio en el pueblo (bautizado después como Barrio Nuevo), de calles estrechas y empedradas. Las casas nos dan información de quienes las habitaban: arcos de medio punto en piedra en las entradas de las viviendas de mercaderes o médicos; dinteles de madera para las clases más humildes, como los curtidores o los zapateros. Aún puede visitarse parte de la sinagoga, aquella que no fue convertida en viviendas. Y es que, tras la expulsión de los judíos, el edificio (construido en la segunda mitad del siglo XIII) pasó a ser el concejo municipal, para después dividirse en varias casas. Asimismo, se conserva la Lonja Medieval, construida en el siglo XIII, que fue, en sus inicios, un hospital.

Siendo como es Uncastillo un pueblo de lo más lógico, te podrás imaginar qué alberga en su interior el antiguo pozo de hielo (cerrado con una bóveda sostenida por dos arcos) que tiene a las afueras. Evidentemente: el Museo del Frío. Allí podrás conocer cómo se almacenaban el hielo y la nieve en los meses de invierno, y cómo se conservaban para poder ser utilizados durante el resto del año. En el término municipal de esta villa zaragozana encontramos, además, los restos de otro castillo, el de Sibirana, fortín levantado en el siglo XI para defender la zona del islam (Uncastillo fue tomada por los musulmanes en el 713, pero recuperada definitivamente por Sancho Garcés II en el año 971). Junto a estas ruinas, las de la ermita de Santa Quiteria. Mejor suerte en cuanto a conservación han corrido otras ermitas que puedes ver en la zona, la de San Cristóbal y la de Virgen de la Leche, del siglo XII (como la de Santa Quiteria), y la de la Virgen de Los Bañales, del siglo XVI.

Iglesia de San Lorenzo. Fuente: Ayto. de Uncastillo

De la Roma imperial a la Edad Media en un mismo término municipal

A través de la Fundación Uncastillo, desde inÁgora te proponemos diferentes visitas guiadas por el municipio y sus alrededores para descubrir la huella que allí han dejado tres culturas tan distintas entre sí como la romana, la judía y la cristiana. Un ejemplo es Imperio por descubrir, un recorrido por la antigua ciudad prerromana, romana y tardo – antigua de Los Bañales, a 15 km de Uncastillo. Lo que viene siendo un viaje por mil años de historia, desde el siglo IV a.C. hasta el siglo IX d.C., en el que te acompañarán los historiadores que trabajan en la excavación. De su mano conocerás los últimos descubrimientos en el yacimiento, así como las termas públicas mejor conservadas de España y un soberbio acueducto, entre otros tesoros. Una segunda opción es Regreso al pasado: vivir una jornada en el Medievo, con entrada a la Lonja Medieval, que guarda la vara jaquesa de medir en sus paredes. Incluye también un paseo por la judería y visita al castillo, para descubrir las marcas que los canteros dejaron en sus muros y cómo el señor feudal dominaba el territorio y a sus gentes.

De calles laberínticas y empinadas, Uncastillo es, en resumen, uno de esos pueblos que enamoran a propios (sus habitantes son uncastilleros/-as) y extraños. Unum Castrum, Unuh Qastil (fue también un pequeño enclave defensivo musulmán) o Uno Castello, como era llamado según la época, tiene tan solo un castillo, pero historia e historias, desde luego, le sobran a esta villa.

Lavapiés: el barrio madrileño de pasado castizo y presente multicultural

Lavapiés: el barrio madrileño de pasado castizo y presente multicultural

POR IRIS M. VÁZQUEZ

Quizá no sea la respuesta más habitual a la pregunta ¿qué ver en Madrid?, pero lo cierto es que el barrio de Lavapiés se colado por derecho propio en la nómina de atractivos imperdibles de la capital. Quizá sea por ese trazado irregular, herencia de su origen medieval, que invita a perderse por sus calles estrechas y empinadas, a dejarse asombrar por lo que esconden. O quizá por la multiculturalidad que lo caracteriza, pues casi un centenar de nacionalidades conviven en la actualidad en el barrio que siglos atrás fue símbolo del Madrid más castizo. Tras una esquina, resuena el eco de una zarzuela (quizá El barberillo de Lavapiés, de Fracisco Asenjo Barbieri), y a la siguiente, entramos en un restaurante indio para comer.

Su trazado irregular, herencia de su origen medieval, invita a perderse  por sus calles estrechas y empinadas y a dejarse asombrar por lo que esconden.

Entre los puntos de interés turístico concentrados en el barrio de Lavapiés, destaca la corrala del Sombrerete, situada entre las calles Tribulete y Mesón de Paredes. En Lavapiés encontramos otras construcciones de este tipo (edificios de viviendas de varias alturas construidos alrededor de patios), pero esta es, quizá, la más característica, por su tamaño y su estado de conservación. Levantada en 1872, fue declarada Monumento Nacional en 1977 y restaurada dos años después. Es posible ver el interior de la corrala desde la calle Mesón de Paredes, ya que en los años 70, pero ya del siglo XX, se derribó el edificio que cerraba la manzana, sin que ningún otro lo haya sustituido nunca. Enfrente de esta corrala, por cierto, están las Escuelas Pías de San Fernando, en la plaza de Arturo Barea, sede desde el año 2004 de la Universidad de Educación a Distancia (UNED), tras una significativa reforma. Tan solo se conservan las ruinas de la iglesia de este colegio, fundado en 1729 y destinado a la educación de niños con pocos recursos. El templo fue destruido por los anarquistas en 1936, al inicio de la Guerra Civil.

Escuelas Pías de San Fernando. ©Luís García

Entre los muchos surcos de tiempos convulsos que nos esperan en Lavapiés está también la Fuente de Cabestreros, en la plaza del mismo nombre, aunque, en este caso, por haber sobrevivido ya no solo a la guerra, sino a la dictadura franquista, que se ocupó de retirar todos los elementos públicos que recordaban la anterior etapa política del país. Y es que esta fuente, que data de 1934, es uno de los pocos vestigios que se conservan en Madrid de la Segunda República. Es posible que se salvase por el abandono al que el humilde barrio de Lavapiés era habitualmente sometido. Humilde, sí, pero en el que también se pueden encontrar palacios, como el de Fernán Núñez (1790), sede desde 1985 de la Fundación de Ferrocarriles de España. Su sencilla fachada, en estilo neoclásico, contrasta con su pomposo interior, fruto de la reforma que sufrió a mediados del siglo XIX y que lo adaptó a la corriente romántica dominante en la época. El mobiliario, las lámparas y los ornamentos se han conservado hasta nuestros días, así que visitarlo es auténtico viaje en el tiempo.

Palacio de Fernán Núñez. ©Luís García

Otras paradas obligatorias de visita en Lavapiés son el mercado de San Fernando, muy cerca de las Escuelas Pías; el Cine Doré, edificio construido en 1923 en estilo modernista (habitual en los cinematógrafos de principios de siglo) y que acoge las proyecciones de la Filmoteca Nacional; el Real Monasterio de Santa Isabel, cuyo origen se remonta a tiempos de Felipe II (en la misma calle que el Doré, a la que, por cierto, da nombre), y, en los aledaños de la plaza de Lavapiés, la iglesia de San Lorenzo, patrón del barrio, cuya festividad se celebra cada 10 de agosto.

El supuesto pasado judío del barrio de Lavapiés

La iglesia de San Lorenzo bien merece una parada: se dice que se erigió en el solar en el que se ubicaba una sinagoga judía, dato de relevancia si tenemos en cuenta que algunas teorías apuntan a que Lavapiés, cuyos orígenes se remontan al siglo XV (uno de los barrios más antiguos de la urbe), era la judería de Madrid en aquellos tiempos. Es más, se dice que el nombre de Lavapiés proviene del acto de purificación que realizaban los judíos antes de entrar al templo, pues se lavaban las extremidades en una fuente que había en la plaza.

Corrala de Sombrerete. © Tnarik Innael

Poco se ha podido documentar del legado sefardí en la capital, pero todavía está presente la impronta de un pueblo ancestral que aportó elementos culturales, artísticos, filosóficos y gastronómicos a la historia de la metrópoli. Puedes rastrearla gracias a nuestra visita guiada Madrid sefarad. La historia del judaísmo en Magerit, que parte de la plaza Mayor. Allí se inicia un repaso por el trato recibido por el pueblo sefardita tanto en la ciudad como en el resto de España a lo largo de los siglos. Una invitación a conocer la historia de este pueblo, sus tradiciones y la función que ocupaba en el Madrid medieval, así como la presencia de este pueblo en la actualidad. Entre los hitos que abordaremos, se incluye el saqueo y matanza sufridos por los judíos en el siglo XIV en el barrio de Lavapiés, de donde fueron expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Como curiosidad: en el siglo XIX comenzó a llamarse manolos y manolas a los habitantes de Lavapiés, al parecer, porque los judíos conversos ponían a sus primogénitos el nombre de Manuel para manifestar públicamente su nueva devoción. Los manolos y manolas mantenían cierta rivalidad con los chulapos y chulapas del barrio de Malasaña, aunque ahora se emplean indistintamente ambos nombres para referirse a cualquiera que luzca la vestimenta madrileña tradicional.

Un barrio con mucho arte…. urbano y contemporáneo

Hay otras huellas que son también palpables en el barrio de Lavapiés, como la de la explosión del arte urbano, que ha convertido el barrio en una suerte de Berlín en pleno corazón de la Península Ibérica. La culpa es, en parte, de la Asociación de Comerciantes de Lavapiés, que cada año desde 2014 organiza el Festival C.A.L.L.E., que promueve las intervenciones artísticas en fachadas, escaparates y otros espacios exteriores de comercios del barrio. Para descubrir esta cara de Lavapiés, la más alegre y colorida, desde InAgora te proponemos la ruta Arte por las paredes, un safari urbano con el que explorar las partes del barrio intervenidas por artistas y graffiteros, realizadas de forma ilegal o en el marco de actividades promovidas por festivales, comerciantes o propietarios de la zona. Saldremos a la caza de los murales y graffitis más espectaculares mientras nos empapamos de la historia del arte urbano (géneros, estilos, técnicas y tendencias) y conocemos las particularidades de los espacios intervenidos en Lavapiés.

Museo Reina Sofía. Edificio Nouvel. © Esteban Palacios

Entre otros espacios, se ubican también en Lavapiés La Casa Encendida, un centro cultural multidisciplinar que acoge las expresiones artísticas más vanguardistas, y el Teatro Valle-Inclán, cuya programación incluye obras del Centro Dramático Nacional. Allí encontramos, además, Tabacalera – Promoción del Arte, emblema del asociacionismo del que hace gala Lavapiés (es el barrio con más movimiento vecinal de todo Madrid), que ocupa la Antigua Fábrica de Tabacos. El edificio se construyó entre 1780 y 1792, y en primera instancia fue la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes. Funcionó como fábrica de tabaco y rapé desde 1809 hasta finales del siglo pasado. Tabacalera es una de las paradas de nuestra visita guiada Las trabajadoras madrileñas (siglo XVII – siglo XIX), que, además de Lavapiés, abarca los barrios de La Latina y El Rastro. Gracias a este recorrido, podremos descubrirlos desde el punto de vista de la clase trabajadora femenina a lo largo de cinco siglos. Ahondaremos en los diferentes oficios y labores de la época: vendedoras, criadas, artesanas, costureras, lavanderas, posaderas, cigarreras, tratantas, mondongueras, nodrizas, madronas, etc.

Son estas solo algunas pinceladas para dejarse conquistar por el barrio de Lavapiés, que nos dibuja un mapamundi en el que no resulta complicado marcar en rojo lugares a los que volver. Quienes lo conocen, ya lo saben; quienes están por conocerlo, ya lo descubrirán: no hay un barrio como Lavapiés.

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